Páginas

lunes, 12 de febrero de 2018

Cuando me volví una puta paranoica

Se ha montado un revuelo revolutum del bueno. Resulta que Bla Bla Car, ya saben ustedes, la plataforma para compartir coche en los recorridos de larga, corta o media distancia; sí, sí, esa plataforma, impulsó hace ya un tiempo un opción de viajes únicamente entre mujeres y, qué quieren que les diga, se ha armado una buena y me parece una auténtica locura. ¿Quién va a querer discriminar así a las personas? La misma Constitución ratifica alta y clara que no se puede discriminar a nadie por razones de raza, sexo o ideología ¿no? Veamos...

He aquí mi historia personal, para no pecar de crítica de lo que no sé y no siento. Y por esta razón plantearé tres ejemplos, únicamente tres, para que el ejemplo sirva de teoría y no deba yo dar lecciones a nadie de moral. 

viñeta de El Roto


Una voz follable

Este verano me encontraba trabajando en una empresa de comunicación, en un programa específico de cuyo nombre no quiero acordarme. En una de las secciones veraniegas tuve que subirme a un coche compartido en Madrid (no se trataba de BlaBlaCar pero tampoco diré nombre). Durante el trayecto -no muy largo- realizaba la entrevista al conductor: una entrevista en directo. Al terminar la entrevista comenzó a reproducir los audios que sus compañeros le habían enviado por el grupo de la empresa de coches alquilados en la que trabajaban. Le habían escuchado porque, daba la casualidad, esta empresa siempre sintoniza la radio en la cadena para la que yo trabajaba. 

-Vaya, Mariano [nombre inventado, perdónenme los Marianos, no recuerdo -o no quiero recordar- el nombre de susodicho] ¿cómo que te han entrevistado?
-¿Quién es esa jovenzuela con la que vas? pásanos una... [di por hecho que pedían foto, Mariano cortó nervioso el audio y se disculpó]
-Marianito, cabrón, que menudo braguetazo has pegado no, tenía una voz boni... [¿bonita? nunca se supo. Mariano se sintió incómodo].

Mariano explicó después enrojecido que casi todos sus amigos eran hombres, trabajaban en la misma compañía y estaban muy salidos, que lo sentía. Nunca supe si Mariano, si en vez de ser quien me llevaba hubiera sido quien escuchaba a su compañero, hubiese dicho lo mismo o no. Aún así se disculpó abochornado. Supongo que sería sincero. Supongo que después no daría una palmada en el hombro a sus amigos "qué, ¡tíos!". Quiero suponerlo.


Un culo llamativo

La siguiente historia está fuera de todo espacio y tiempo -ya que puede pasar siempre y así ocurre por desgracia- pero tiene un sexo muy concreto. Igualmente lo situaré, para facilitar su comprensión. La línea 9 del Metro se cruza con la línea 6 en el transbordo a realizar en Sainz de Baranda. Allí me encontraba yo una noche de verano volviendo para casa cuando serían, probablemente, las 11 de la noche. En el vagón me subí yo sola. Es obvio, repito, OBVIO, que con esto no quiero generalizar. Me subo a diario en el Metro y no podría -aunque no me quedaría lejos- denunciar una historia así cada día. Los chicos que ya se encontraban dentro comenzaron a hablar de mí. Iba en chándal largo, no importa pero quiero contarlo. Me apoyaba en la bicicleta que viajaba conmigo y a la que iba mirando para no mirar a los chavales, algo empeñados y obcecados en mí, que se empeñaban en hacer ruidos y dominadas varias en las barras del vagón del Metro. Me situé en la puerta. Aún no tenía que salir pero iba a cambiarme de vagón.

-No te vayas, culito. 
-Joder tronco, vamos con ella...
-Eh tú... no te vayas muy lejos... dinos como te llamas niña
-estás muy buena ¿no?

[En el cristal, cualquiera que haya viajado por el Metro en los túneles lo sabrá, su reflejo me indicaban que se reían cada vez que soltaban una frase, cada cual más impertinente y obscena. Uno de los chicos se acercó a mi lado. "Qué bici tan bonita. No más qué tú". "¿Ya basta no? Que dais un poquito de pena". Me hice la fuerte. "Pero métela mano tío". Estaba muy débil en realidad. Débil y sola. Por fin me bajé. No me monté en otro vagón, llamadme estúpida, esperé al siguiente tren. 

Un amigo, con quien había quedado, me envió después un mensaje: ¿has llegado bien a casa? Aún no. ¿Cómo estás tardando tanto? El Metro que tardó 10 minutos en llegar. Le mentí. Ahora, leyendo esto, sabrá la verdad. La misma que él temía cada vez que me dejaba ir sola].

viñeta de El Roto


Una cara insinuante 

Esta experiencia sí está directamente relacionada con BlaBlaCar. Organizaba hace unos meses un viaje a Barcelona -que a nadie le interesa pero quiero ser clara- y busqué la opción más económica. El viaje no salió adelante pero la chica que allí me esperaba me recomendó BlaBlaCar cuando todo apuntaba que el viajé sí iba a salir. Me hice la cuenta, planteé el viaje e incluso intercambié los datos con el que iba a ser el conductor del mismo. Finalmente cancelé. 

Dos meses después aún me envía mensajes por Facebook, donde me encontró por mi nombre, en los que me propone dar la vuelta al Mundo y viajar en caravana para hacer locuras varias mientras dejo la -según él- horrible ciudad de Madrid que me amarga. Huelga decir que jamás lo contesté, jamás lo acepté y sus mensajes me llegan a la ventana de cuentas de gente que no he aceptado como amiga. Sigue ahí, pico y pala, Madrid no me amarga, niñato.

A día de hoy planeo de nuevo el mismo viaje. La misma amiga me ha repetido que use BlaBlaBlaCar, le he dicho que prefiero ir directa y segura con un transporte cerrado. Tampoco le he contado la verdad. ¿Parece absurdo no? Estoy ahorrando tiempo para poder viajar en bus, o dinero, en caso de elegir el AVE.


¡Soy una puta loca paranoica!

Es una locura. Viajo a diario con gente diez, con hombres diez, con hombres que no han generado -o han corregido- esa necesidad obscena a hacerme sentir un cacho de carne criado para follar como las vacas son criadas en los grandes círculos de la ganadería industrial solo para producir grandes toneladas de alimento humano. Me da pena, lástima y asco, sobre todo asco, que una red mundial como BlaBlaCar tenga que generar el filtro "solo mujeres" como si estuviésemos en una escuela católica del siglo XX y en el coche nos fueran a facilitar una revista de moda y unas agujas de punto de cruz para amenizar el viaje. 

Pero más asco me da leer, en medio de todo este follón y este debate abierto, que estamos generando nosotras la diferencia, que estamos locas, que por qué no hay un filtro para inmigrantes -ay! diosito!- y que, por ejemplo, estamos poco violadas. [Respuesta extraída en Twitter de la polémica de BlaBlaCar al mencionar una mujer los casos de violación].



¡Que solo somos 1000 mujeres las violadas! ¡Vamos a callarnos que hasta el millón aún podemos aguantar! Qué quieren que les diga, señores, el miedo existe y, por desgracia, la misma persona que dice que somos unas paranoicas por querer viajar solas, aconseja a su hija/nieta/mujer/hermana viajar en compañía de otras mujeres o, al menos, no a solas con un hombre. El miedo existe incluso para la persona que considera más irracional el miedo: yo.

¡Claro que es una exageración! ¡Con lo que a mí me gustan los hombres! ¡Con lo que costó conseguir una educación mixta! ¡A ver si ahora me van a fastidiar el partido de futbito con los chicos en el que POR FIN pude participar! Pero señores, el acoso es un hecho y jamás escribiría estas palabras desde el odio. Pasen buen día y ojalá sigamos avanzando hacia un camino tan mixto como sano...

¡como el sándwich!

martes, 6 de febrero de 2018

Los periodistas ni estamos muertos, ni de parranda: breve reflexión hacia el periodismo de calidad


Los periodistas, muy malos

En el año 2013 saltaba a los medios una noticia que no fue precisamente bien recibida entre las redacciones de los periódicos y los medios de comunicación. “Periodista y juez son las profesiones peor valoradas por los españoles en el barómetro del CIS”. Este titular,  publicado en la mayor parte de los medios de comunicación, no hacía más que reflejar una situación que a pie de calle puede reconocerse con facilidad. Basta con dar un matutino paseo y conversar con un café en el bar de la esquina para comprobar, con estupor, como cualquier periodista es visto como un manipulador, un tergiversador o, aún peor, un mero vocero del sistema económico, político y gubernamental.

Imagen de El Roto
Los periodistas son poco valorados, los periódicos –y medios en general- se consumen con recelo y desconfianza y el golpe seco sobre la mesa que ponga fin a esta situación parece hacerse de rogar: la reivindicación de un periodismo de calidad, tanto técnica como ética.

La ética se ha visto pisoteada por el sensacionalismo, por una parte y, por otra, por los intereses socioeconómicos predominantes. Por poner un ejemplo representativo de la situación actual podemos mencionar el caso de la presunta violación grupal de varios joven (La Manada) a una chica en Pamplona, en plenos San Fermines. Los medios, especialmente televisivos, crearon todo un espectáculo en torno a esta brutal problemática que ha tenido lugar en nuestra sociedad y que, para nada, resulta ser un caso aislado. Yendo aún un poco más lejos, y continuando con el mismo tema, podemos hacer alusión a los grandes titulares que mencionaban la “normal vida de la joven violada” que, según lo que parecían querer intuir, era completamente incompatible con haber sufrido tal brutal agresión. 

El correcto tratamiento de las víctimas es fundamental en el periodismo de calidad y, por ende, es necesaria la buena preparación del periodista; una formación exhaustiva y una actitud ética correcta. Esta formación, a veces inexistente, nos lleva a otro de los grandes problemas de la actualidad: el intrusismo laboral. 

Los periodistas, no tan malos


En la era digital un móvil se convierte en el arma comunicacional más poderosa e inmediata para dar a conocer una noticia o situación. El periodismo de calle resurge con personalidades anónimas que tratan, a través de las redes, los fenómenos que viven de forma directa y personal, eliminando esa barrera en la que, en ciertas ocasiones, muchos periodistas caen debido a la rutina: el periodismo de agencia y oficina que se olvida de la calle. Precisamente es labor del buen periodista el ofrecer al consumidor de información, que tiende a la exigencia, un valor añadido a la noticia: el vivir la calle, cocinar lento comprendiendo los hechos y no solo reproduciéndolos y generando un contexto que permita la comprensión del lector.  

Los periodistas, los buenos


A pesar de la evidente de la presencia de un mal periodismo no debemos caer en el derrotismo ni en el abismo al que muchos intentan llevarnos. La periodista Victoria Prego recordaba siempre que “lo que más daño hace a la profesión es el mal periodismo pero hay muy buen periodismo”. Nuestra labor es lograr que ese buen periodismo silencie por completo al que manche nuestro nombre, aportando calidad y sin dejar de lado la bandera de la ética profesional.

Viñeta de El Roto

martes, 24 de octubre de 2017

No es Democracia todo lo que reluce

La creación de un marco constitucional democrático en España llega en el año 1978, tres años después del fin de la Dictadura con la muerte Francisco Franco. Los cambios democráticos se van asentando en la sociedad durante los años siguientes para dar lugar a una sociedad plenamente democrática, al menos a nivel teórico, en los años 80. Este cambio social no surgió de la nada; no fue solo la muerte del dictador lo que propició el fin de la Dictadura -a pesar de ser un régimen personalista basado en la figura de Francisco Franco- pues su muerte podría haber desembocado en sistemas totalitarios o autoritarios similares y no en la Democracia. Tuvo también una importancia radical la cultura democrática que iba creciendo y desarrollándose en las esferas más populares de la sociedad. Una cultura que llevó al Pueblo -apelando aquí al sentimiento de solidaridad entre los miembros de una Nación- a luchar por la instauración de la Democracia. La Transición hizo realidad el sueño democrático -con las luces y las sombras que pueda tener y que no son objeto de estudio en el presente análisis- de todos los que lucharon por vivir en una sociedad más abierta, plural, representativa y participativa.

Democracia / Pnud.org

Con la sociedad democrática ya instaurada en España llega la siguiente generación de españoles; la que ya no tiene que luchar por la instauración de un régimen más justo. Esta generación, en la que estoy directamente incluida, no pone en duda -en términos generales- la forma de Gobierno en la que se desarrolla generando, así, una actitud pasiva, apática e indiferente con respecto a la Política y dando por sentado que, habiendo nacido en democracia, todo lo que ocurra dentro de ella también lo es. Esta situación se fomenta, además, con lo que yo creo que podríamos considerar una silenciación de los temas políticos en la formación educativa general de los más jóvenes: evitando analizar la democracia y sin profundizar en temas políticos. Surge aquí la pregunta: ¿falta formación educativa política que acabe con la indiferencia, la apatía y fomente la defensa de una democracia justa?

LA MODERNIDAD INACABADA

El salto hacia una Sociedad Moderna o, siendo más correctos, la transición hacia esta sociedad, ha supuesto el asentamiento de ciertas bases que implican un desarrollo social mucho más reflexivo. El filósofo Anthony Giddens habla de la reflexividad como una de las características máximas de esta Sociedad Moderna. Si bien es cierto que el hombre comienza a reflexionar sobre sí mismo y centra su objeto de estudio en el Ser Humano, y no en otras figuras como podían ser los dioses, también está puesto en escena el hecho de que esta reflexividad no se produce al mismo nivel en todos los ámbitos del conocimiento ni en todos los estratos sociales de la población. Es aquí donde el caso del conocimiento político y el estudio acerca de la democracia -sus inicios, usos, variaciones y perversiones- toma verdadera importancia. Como ya ha sido mencionado en líneas anteriores, un buen número de jóvenes nacidos ya en la Democracia española no han recibido la enseñanza democrática adecuada, siendo el actual sistema educativo una muy mala herramienta para poder obtener conocimientos acerca de esta forma de organización social y generando el pensamiento básico mencionado de que, ya por el simple hecho de haber nacido en Democracia, todo lo que entre nosotros ocurra es democrático.

UN EJEMPLO PRÁCTICO: EL CASO DEL INDEPENDENTISMO CATALÁN

Poniendo sobre la mesa uno de los casos prácticos de mayor actualidad en la sociedad española, el caso del independentismo catalán, podemos hacernos una idea de la necesaria educación democrática y la falta de educación política. En líneas generales, y simplificando al máximo -error absoluto- este tema de discusión, tenemos las posturas enfrentadas de un Gobierno central, por una parte, que, basado en la Constitución, quiere evitar un referéndum de autodeterminación y, por otro lado, la postura de los sectores catalanistas que, amparándose en los abusos que el Estado, dicen, comete contra ellos y escudándose en la historia de su identidad propia cultural, inician un proceso de independencia fuera de la legalidad.

Pues bien, en estos días de fervor político, las calles se han llenado de banderas de uno y de otro signo mostrando un posicionamiento político claro y radical -que no racional- y el analfabetismo político del que habló un día Bertolt Brecht ha salido a relucir. Para nada quiero aquí tachar de ignorante a todo aquel manifestante que en estos días se haya significado, pero sí hago referencia a una parte de la sociedad que, tanto en una posición como en la otra, y sin más formación política que la tradición y la costumbre, se ha encerrado en una postura de inmovilismo beligerante sin ser capaz de tomar distancia para comprender la situación, sin simplificarla.

La falta de educación democrática se ha visto muy claramente representada en ambos sectores de la población, en el fervor nacionalista de carácter españolista y en el sector nacionalista de la Cataluña independentista; unos por faltar al texto constitucional de carácter eminentemente democrático que rige la sociedad española y, el otro, por basarse precisa y únicamente en esa Constitución para defender la España democrática. Aquí entra la apreciación que hacía al comienzo de la exposición sobre el conformismo de la sociedad ante el hecho innegable de haber nacido en una sociedad democrática que presupone, sin discusión posible, que todo lo que se realiza dentro de esta democracia es democrático por extensión; sin dejar lugar posible a la duda, o aún más allá, a la generación de otros estadios que, siendo también democráticos, puedan poner en evidencia, discutir y crear hipótesis que den soluciones efectivas a los problemas planteados.

Viñeta de El Roto

CONCLUSIÓN

El desarrollo de una cultura democrática no consiste en defender una democracia ya instaurada sino en reconocer las características de un sistema democrático para poder aplicarlas, defenderlas y modificarlas cuando sea necesario y así favorecer el avance pleno de la sociedad. Para que esto sea posible es más que obligatoria la implantación de una educación política dentro del sistema educativo en sus niveles de formación más básicos para así poder conocer el nacimiento de este sistema, su desarrollo, cualidades y, como ya fue mencionado con anterioridad, sus formas de perversión, para así poder defender de forma consciente un sistema que, sin duda alguna, nos permite a todos crecer como sociedad.

viernes, 22 de septiembre de 2017

Españoles, Maduro ha muerto. Cataluña lo ha matado.

Si hay algo evidente en este mes de convulsión social en Cataluña es que estamos ante la muerte -al menos mediática- de Nicolás Maduro. Cataluña ha sido, finalmente, la solución a todos los problemas venezolanos que inundaban nuestras pantallas televisivas durante los últimos meses, abrían y cerraban informativos y creaban una indignación súper o sea mega flipante entre la sociedad española tan concienciada socialmente.

Cataluña / El Roto

Poco o nada manoseo el mando de la televisión pero últimamente aparecía más la cara de Nicolás Maduro en los informativos nacionales que la de Juan Y Medio en el canal andaluz. La situación era insostenible: la de Venezuela y la de los informativos. En la sección de política nacional aparecía nuestro magnánime y queridísimo presidente de Gobierno, Mariano Rajoy, hablando de Venezuela. Posteriormente, en la sección internacional, teníamos al propio Maduro hablando en su país y en los deportes resultaba que el Estadio Nacional de Fútbol de Venezuela estaba en malas condiciones -pero la plantilla del Real Madrid ¡en buenas!-. Solo El Tiempo nos daba un respiro anticiclónico para permitir que nuestros oídos descansasen de tanto Maduro. Poco les faltó para que las borrascas fueran todas de origen venezolano... ¡menos mal que llego Cataluña!

Hace un mes, sin embargo, Nicolás Maduro murió. Murió tras parir a Puigdemont, a Junqueras, a Artur Mas y a Ada Coulau. Murió rápido. Fue indoloro. Nada agónico. De golpe y plumazo. Parece que Cataluña ha cobrado más fuerza que nunca en nuestro día a día y ha dejado atrás los dolores pasados de otros pueblos y otras instituciones que servían, entonces, de tapadera a la corruptela española que lideraba nuestro panorama nacional.

No soy independentista


Qué sabios son algunos y que tontos somos todos -a su vez-. Me mojaré, por si alguien se atreve a decirme que me muestro equidistante -postura de cobardes para muchos, muy legítima en mi opinión-. Me mojaré y diré que no soy independentista pero pretendo no ser tampoco gilipollas.

Nací en Ávila hace unos años ya. Una pequeña ciudad donde el sentimiento de independencia no tiene mucha coherencia económica, social ni cultural. Un pueblecito al que mucha gente no sabría ni situar, a pesar de ser capital de provincia -a experiencias me remito-. Me voy a mojar aún un poquito más. He crecido en la cultura del federalismo; de creer en ello como solución estatal, de considerar que el independentismo catalán ha nacido de la semilla de la burguesía catalana y que lo que hoy en día está ocurriendo parte del infantilismo. Parte, ojo, su raíz, pero creo que sus frutos son los más maduros que está generando este país.

Qué queréis que os diga. Que los nacionalismos tienen un germen burgués es un hecho. El independentismo catalán ha sido -tradicionalmente- económico. Podemos compararlo con el vasco que, al contrario, ha sido de tradición cultural. Ha nacido de las clases de dominación económica que, viendo que su región -y razón no les faltaba- era más fructífera y rentable, no querían tener que dar parte al Estado Español -mucho menos industrializado por aquellas épocas y terriblemente derrochador-. Y es así, el independentismo catalán nació en lo que yo creo que se puede considerar una infantileza de las clases dominantes de la región y que así se ha materializado en los políticos que allí gobiernan, para mí totalmente ineptos -e ilegítimos- en sus funciones. 

Tampoco soy gilipollas


¿Pero sabéis de lo que estoy más convencida aún? De que lo que antes era meramente una cuestión económica se está convirtiendo en social; de que lo que un día fue cosa de unos pocos ricachones egoístas ahora está tomando un rumbo colectivo donde las calles se están llenando de gente: gente que cree, gente que quiere, gente que lucha. 

Protestas en Barcelona / El Correo
La imagen lo define a la perfección, si esta situación de colectivismo callejero se hubiese dado en las calles de Venezuela hubiesen saltado las alarmas informativas en nuestro país. Si ese coche de la Guardia Civil "tomado" por la gente hubiese sido "tomado" por la sociedad venezolana tendríamos ante nosotros el apoyo total de los altos cargos. Si este hombre de Intereconomía que ha deseado que la bomba nuclear de Kim Yong Un "caiga sobre Cataluña y así se solucionan todos los problemas" lo hubiese dicho en Estados Unidos, con pelo blanco y liderando la jefatura del Estado, hubiesen saltado todos los defensores de los derechos humanos para meterle, mínimo, un calcetín sucio en la boca. 

Es un error negar lo evidente. La revolución está ocurriendo, a pie de calle eso sí, no de urnas ni de institución. Los periódicos sacan en portada la cara de los altos cargos institucionales que regentan la Comunidad y se olvidan de las manifestaciones multitudinarias que tienen lugar. Si esto no estuviese ocurriendo en España, si no fuese Cataluña, las portadas no serían de hombres con corbata. Véanse las portadas que mencionaban las revueltas de Venezuela -de nuevo- o las de la Primavera Árabe -por cambiar de escenario-.

Pero el Gobierno español, inteligente en su cargo y acción, decide ordenar la detención de activistas catalanes, de cargos catalanes; de catalanes, en general. El mismo Gobierno que, días atrás, criticaba la existencia de presos políticos en Venezuela -en aquellos momentos en los que el país dominaba las pantallas televisivas, ahí sí-. Lo recordaréis: "Leopoldo López debe ser liberado. Expresarse es un derecho democrático". Este Gobierno español que decide no legalizar el referéndum porque no ha habido diálogo, pero que tampoco quiere dialogar porque no es legal el referéndum. Este Gobierno que cree en los vecinos; en el vecino del vecino que es el vecino pero... ¡pero Cataluña no es vecino! ¡Ni niña! No sabemos quién es la niña de las chuches de Rajoy pero sí sabemos que, Cataluña, no lo es.

En la Puerta del Sol / Beatriz Caballero
De nuevo me mojo, señores, si me lo permiten y si hasta aquí me han soportado. El otro día salía de trabajar y decidí acercarme a Sol donde la gente se manifestaba a favor del referéndum. Aplausos. Aplausos los que hubo allí y los que yo les doy desde aquí. Aplausos por lo que escuché. Por lo que viví. Porque allí no había Junqueras paseando. Allí había gente. Mis pelos de punta. Señera catalana. Bandera de Castilla. 

Ya he dicho por aquí que soy de Ávila, que no soy independentista, pero sí soy, y a mucha honra, una castellana convencida y muy sentida con mi región. Y ver ambas banderas juntas me aceleró el pulso. No, no soy independentista, ¡cómo voy a querer que se vaya Cataluña si para mí es una hermana de región! Creo que no hay mayor patriotismo que el que defiende la riqueza cultural y las diferencias en cuanto a la lengua, costumbres y sentimientos -pero esto es otro tema y hay cerrados de mente que no saben abrirse a la variedad de la vida-.


Habla, Pueblo, habla


No pude quedarme mucho y continué mi paseo hasta casa -manías mías, perdónenme-. En el camino pasé por la puerta del Congreso. Frente a él, una exposición; una exposición sobre la Transición. En la puerta de la exposición una inscripción: habla, Pueblo, habla. ¿Os acordáis de esa maravillosa canción que se entonaba contra el franquismo? Qué ironía leer de nuevo esa frase en los días que corren y por eso, más que nunca, quiero repetirla de nuevo. Además, no la digo yo y no la dicen en Cataluña. La dicen en Madrid, en una exposición estatal, a las puertas del Congreso: habla, Pueblo, habla.


Habla, Pueblo, habla / Beatriz Caballero


martes, 7 de marzo de 2017

Mamá, de mayor quiero que me regalen un aspirador ¡MULTICICLÓNICO!

No sé si ponerme seria, ponerme triste o ponerme a limpiar que parece que son mis quehaceres obligatorios y necesarios como mujer que soy. 

Me parió mi madre hace ya algunos años. Una mujer también. Mi padre también puso de su parte en mi creación, ¡vaya! Gracias a ambos-desde aquí os saludo-. Me vistieron de rosa, de azul, de blanco y de amarillo. Jamás tuve una película de princesas pero me sabía los documentales de los osos polares de memoria. ¡Y el Rey León! Me regalaron muñecas, muñecos, coches y pizarras. Crecí quitándoles la cabeza a las muñecas para poder contemplar con entusiasmo cómo esa pelota redonda que se introducía por el cuello les daba estabilidad. Quizá esta confesión me inhabilite para defender lo que aquí ahora defenderé con mis palabras: la igualdad.

Imagen de Mafalda

El otro día, a bastantes años ya de mis decapitaciones a las Barbies -también les rompía las ruedas a los coches, a ver si vais a creer lo que no es- decidí ¡oh, valiente! abrir mi bandeja de entrada. Resulta que, por si no lo saben ustedes, tengo un correo electrónico, bueno uno no, tengo varios. ¡Valiente!

Groupon me avisaba de una fantástica noticia. ¡Se acercaba el día de la mujer! Resulta que después de que mi madre me pariese una serie de acontecimientos me hicieron interiorizar mi condición de mujer: tenía que ir guapa desde ese momento en adelante por los siglos de los siglos ¡AMÉN! (Y amen, sin tilde, sobre todo si son mujeres, amen por encima de vuestros cuerpos y mentes). Por esta razón yo me di por aludida en este mensaje. ¿¡Van a regalarme algo!?

El maravilloso mensaje que me llamó la atención

Me encantaría hacer una pausa para explicar que esto ya olía a chamusquina, siempre que se intente regalar algo en el día de la mujer trabajadora va a oler a chamusquina, a podrido y a polvo ¡sobre todo a polvo! Pero no quiero entretenerme porque doy por hecho que quien está leyendo esto comprende mi enfado ante el hecho de realizar regalos en este día sin saber tan siquiera lo que en él se conmemora. Y si no lo sabéis podéis ir cerrando esta pestaña y abriendo la Wikipedia, por ese orden por favor. Gracias.

Regalos, regalos, regalos, ¡joder mamá! ¡Ya sé para qué me pariste aquel día! Si es que lo he sabido desde siempre. Hay días, supongo que nos pasa a todos pero a las mujeres más -ya sabéis eso de los estrógenos y blablabla- que no sabemos lo que queremos en nuestra vida. Yo llevaba una semana dudándolo pero ¡Groupon me ha abierto los ojos! Sí, mamá, Groupon y no tú tus zumos de naranja a los que se les iba las vitaminas. 







Un centro de fregado, un corset modelador, una aspiradora muticiclónica. ¡MULTICICLÓNICA! ¿No os suena a los juguetes de los niños? Y digo bien, sí: NIÑOS. Cilónico. ¡SÚPER BESTIA!

Después de un ratito irónico riéndome en exceso me comencé a enfadar -vaya mujer, ¿te vino la regla?-. Corriendo a por una compresa a denunciar ante el Gobierno tan tremenda falta de respeto me metí en la página de nuestro maravilloso Partido Popular, que anda festejando el Día Internacional de la Mujer con un programa repleto de actos a favor de la igualdad entre sexos.



Menos mal que aún me queda un lugar al que recurrir, mi ciudad natal, Ávila. Me avisa una compañera de un acto maravilloso organizado por la Confae (Confederación abulense de empresarios) para este día que tanto parece tener que celebrar. ¡VAMOS A VER QUE NOS REGALA! ¿IGUALDAD? ¿SALARIO JUSTO? QUÉ ILUSIÓOOOOON



¡Mamá, mamá! ¡Una cata de vinos! ¡Menos mal que me pariste mujer!

Quizá, quiero creer, la gente esté a favor de la igualdad, quizá la gente no dé las mayores cifras de audiencias a programas que fomenten la discriminación, quizá se vete al colectivo estúpido de aparecer en la caja tonta, pero cuál es mi sorpresa cuando...



La buena madre que es la novia de Kiko Rivera, según nos asegura, y el delantal que Osborne le da a Miguel Poveda para su novia -que por cierto es un reconocido homosexual ¡pa' mear y no echar gota!- me demuestran una cosa. Una única verdad: EL MACHISMO ES UNA INVENCIÓN.

Esto, señores, es vida. ¿Dónde ven el machismo? ¿Dónde lo ven en cada vuelta a casa con miedo de una mujer que camina sola? ¡Ah, claro, en su falda! ¿Dónde lo ven en cada mujer asesinada a sangre fría a manos de sus parejas ex parejas? ¡Ah, claro, en sus denuncias falsas! ¿Dónde lo ven en cada "con eso no salgas que se te ve todo"? Tienes que ser más señorita. Lloras como una niña. La señora de la limpieza. La ama de casa. Me la tiro y que se pire. 

Es que, de verdad, somos unas exageradas. Nos dejan entrar gratis en las discotecas y nos quejamos. Nos regalan un delantal y también nos quejamos. Un aspirador ¡¡¡¡MULTICICLÓNICO!!!! y aún tenemos los ovarios de quejarnos. Menos mal que cuando nos matan nos dejamos de quejar.

jueves, 15 de diciembre de 2016

¡Eh, que por lo menos cobras!

Escribo desde la oficina, con un montón de folios acumulados a mi lado izquierdo con una inscripción "por hacer" y otro montón a mi lado derecho con otra "hecho". No es que me apetezca quejarme pero mi cabeza está a punto de reventar y de largarse de vacaciones, la fiebre está comenzándome a subir pero aquí sigo yo y, lo mejor, no puedo quejarme porque ¡por lo menos cobro!

Tengo un contrato de aprendizaje en prácticas en el que se da por hecho que tengo ya todos los conocimientos suficientes para realizar las tareas de mis jefes. Por ello me ordenan que las realice, dando por hecho que la parte del contrato "de aprendizaje" puede pasarse por alto, pero no así la parte de "en prácticas" no vaya a ser que por hacer el trabajo de mis jefes me dé por rebelarme y querer cobrar lo mismo que ellos pero ¡cuidado!, ¡por lo menos cobro!

Veo a final de mes cómo los ingresos en mi cuenta bancaria se disputan la carrera por llegar a línea de meta con el pago de mi alquiler. Rezo a las Supernenas para que llegue primero el ingreso que el pago y tan pronto como veo que entra el dinero veo también que sale, dejándome un maravilloso margen de cincuenta euros para poder sucumbir a mis placeres más ornamentales como, por ejemplo, comprarme dos filetes de ternera, una pechuga de pollo (¡si hay suerte pillaré oferta y compraré el pollo entero!), un lomo de atún y un par de huevos (que es lo que hay que echarle al final de cada mes para que salga bien la jugada) pero, conste aquí que no me quejo, ¡por lo menos cobro!

La culpa es nuestra, señores. Lo es. Día sí y día también tengo que aguantar a quien me dice "no te quejes, que por lo menos cobras". Entonces entrecierro los ojos, ladeo la boca, levanto las cejas (no lo hagan, queda absurdo) y pregunto "ah, ¿que tú no cobras?". "No" responde ensanchándose como un pavo real al que se le va a hacer una foto "yo con la experiencia tengo, ya llegará el momento de cobrar"

¡Já, me río!

Con la experiencia ya les digo yo que no se paga el alquiler, ni la Universidad, ni esos lomos de atún, ni los filetes de ternera, ¡ni si quiera los de pollo! Y que les voy a decir de ese par de huevos para llegar a fin de mes que quedan tachados por completo de la lista de la compra. 




El día que quieras dejar de vivir de la experiencia llegará otro papanatas, porque no hay otro adjetivo posible para describirlo, que acepte un contrato precario en el que no cobre que, encima, dé las gracias por la experiencia y aplauda porque le dan de alta en la Seguridad Social (¡aplaudan todos!). Y tú, que un día fuiste así, verás cómo ahora que quieres pagarte un filete de ternera digno (¡vivan los filetes de ternera dignos!) y reclamas tu derecho a recibir remuneración, serás fulminantemente sustituido por el agradecido y barato joven que un día tenía tu misma cara, mismo nombre y, sobre todo, mismo espíritu.

Pero cuando vuelvas a verme por la calle dímelo de nuevo, dime que no me queje, dime:

¡Eh, por lo menos cobras! 

jueves, 24 de noviembre de 2016

Y qué me dicen del presente de "la generación sin futuro"

Nos han hecho creer de forma amarga que nuestro mayor problema es que somos la generación sin futuro, que somos los primeros que vamos a ir a peor con el paso de los años

Es bien sencillo. Estudia, estudia y estudia aún un poco más si es posible para lograr escalar puestos en tu formación académica pero ten claro que cuando dejes de escalar te vas a encontrar en la cima de tu formación, con un abismo a un lado y con todo el camino escalado por el otro. Cuando llegues a esa situación tú decides; o te lanzas al abismo o te quedas sentado y no haces, siendo políticamente correctos, ni el huevo. Pero vamos, ni el huevo, ni las patatas. Porque dime tú, joven estudiante que has llegado a la cima de tu formación, cómo vas a comprar un par de huevos y una patatita de estas viejas ricas si no tienes curro a la vista. 

Es un panorama desolador. Nos pintan un futuro negro. Unos años por venir duros. Fríos. Un tiempo de incertidumbre. ¡Los ovarios! ¡¿Y el presente qué?! Nos están dibujando un horizonte tan pésimo que nos creemos que es lo peor que nos va a tocar y no somos conscientes de que estamos subiendo ahora, hoy en día, esa cuesta que nos llevará a la cima. Y la estamos subiendo con más peso a la espalda del que nos creemos tener. 

Nos han colgado una mochila repleta de responsabilidades. Empezando por la de dejar de ser la generación nini para para a ser la generación sísí. Una mochila con estudios, trabajos, deportes, actividades, cuidado de padres, de hermanos, de amigos, de hijos, de familiares en general, de perros, de gatos, de más estudios porque si no haces dos no tienes nada, de más trabajo porque si no tienes dos no llegas a fin de mes, de otro trabajo más porque resulta que en los dos anteriores no cobras. Una mochila con desmotivación, sin inquietudes, con obligaciones, con desgana y con pesimismo.

Hoy estamos escalando la montaña con una mochila repleta de "se busca gente joven con experiencia". Pero ahí estamos, escalando la montaña sin experiencia para ver si alguien nos la da aunque sea por cuatro perras y podemos así tener esa experiencia que nos haga ir a por ese deseado puesto de trabajo remunerado y que nos digan "usted ya no es joven y pedimos gente joven con experiencia". ¡Nos ha jodido! Y perdónenme la expresión pero una ya se cabrea. ¿Cómo no me voy a haber hecho mayor si llevo media vida buscando la experiencia?

Viñeta de Forges

Nos han hecho creer de forma amarga que nuestro mayor problema es que somos la generación sin futuro, que somos los primeros que vamos a ir a peor con el paso de los años y no nos hemos parado a pensar que quizá lo más duro es que somos la generación sin presente y que estamos pasando lo peor de nuestros años. 

Pero aquí estamos nosotros, los del futuro desolador con un presente pésimo del que no somos conscientes porque nos pintan aún peor esa cima a la que nos tocará llegar. Pues no señores, no. Me niego. Yo llegaré a esa cima y no tendré ni que sentarme, ni que tirarme al vacío. Tendré un helicóptero que me recoja para amenizarme el camino y un jet privado que escuche mis lamentos y mis súplicas. Quizá no, no lo tenga. Quizá eso lo tengan unos pocos. Pero me sigo negando. Tendré un pájaro al que agarrarme para echar a volar y huir lejos. Quizá tampoco. Pero no importa. Porque mientras estoy ascendiendo a esa cima sé que tengo algo que me ameniza mi camino y es el pensar que el futuro no será tan negro como nos lo pintan o al menos no tanto como lo es el presente. Al menos que nos dejen hacer el huevo -y las patatas-. Y soñar. 

Que nos dejen soñar.